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¿Qué fue de «Fafner», la Volkswagen T2 de Cortázar?

No cabe duda de que Julio Cortázar es por derecho propio unos de los grandes genios de la literatura universal. Con su particular estilo donde entremezcla realidad y fantasía salpicada de dosis de surrealismo, consiguió  arrastrar consigo toda una legión de seguidores y admiradores que aún perduran. De origen argentino pero nacido en Bélgica y nacionalizado francés, también estuvo presente en su obra y vida el compromiso político y social. En 1970 se casó con Carol Dunlop, fotógrafa, escritora y activista estadounidense. En 1982 ambos emprendieron un fabuloso viaje con el fin de publicar un libro… el último libro de ambos.

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Estamos hablando de «LOS AUTONAUTAS DE LA COSMOPISTA«. Escrito a cuatro manos, la historia comienza a finales de 1982 cuando El Lobo y La Osita (álter egos de Cortázar y Dunlop) deciden viajar a bordo de una furgoneta por la carretera que une París con Marsella. No es un trayecto muy largo, unos 800 km pero con la regla de parar dos veces al día en cada área de descanso con el fin de reposar, comer y escribir pero también para descubrir aquellos misterios que se les presentan a la pareja. Aquí intervendría la parte fantástica y surrealista que caracteriza a toda obra del argentino (realismo mágico) . Todas estas peripecias se anotaron a modo de bitácora marítima, creyéndose exploradores del calibre de Cristóbal Colón o Marco Polo en medio de una expedición. Igualmente, tomaron fotografías de varios de los acontecimientos sucedidos durante ese viaje que se prolongó hasta 32 o 33 días.

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La furgoneta no era otra que una VOLKSWAGEN T2A Westfalia que el propio Julio Cortázar bautizó como «FAFNER». En estos fragmentos del libro explica el porqué de este nombre:

[…]el dragón, ya es tiempo de presentarlo, es una especie de casa rodante o caracol que mis obstinadas predilecciones wagnerianas han definido como dragón, un Volkswagen rojo en el que hay un tanque de agua, un asiento que se convierte en cama, y al que he sumado la radio, la máquina de escribir, libros, vino tinto, latas de sopa y vasos de papel, pantalón de baño por si se da, una lámpara de butano y un calentador gracias al cual una lata de conservas se convierte en almuerzo o cena mientras se escucha a Vivaldi o se escriben estas carillas Lo del dragón viene de una antigua necesidad; casi nunca he aceptado el nombre de las cosas y creo que se refleja en mis libros, no veo por qué hay que tolerar invariablemente lo que nos viene de fuera, y así a los seres que amé y que amo les fui poniendo nombres que nacían a su modo de un encuentro, de un contacto de claves secretas, y entonces mujeres fueron flores, fueron pájaros, fueron animalitos del bosque, […]vi la gran cara roja, los ojos bajos y encendidos, un aire entre retobado y entrador, fue un simple click mental y ya era el dragón y no solamente un dragón cualquiera sino Fafner, el guardián del tesoro de los Nibelungos, que según la leyenda y Wagner habrá sido tonto y perverso, pero que siempre me inspiró una simpatía secreta aunque más no fuera por estar condenado a morir a manos de Sigfrido[…]

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Carol Dunlop no llegaría a verlo publicado pues fallecería el 2 de Noviembre de 1982 con sólo 34 años, meses después de finalizar el viaje, fruto de una enfermedad terminal cuyos síntomas se ven personificados en el relato como «demonios» . Se dio la trágica circustancia de que ambos protagonistas padecían la misma enfermedad antes de emprender el viaje pero ninguno de ellos conocía su propia afección, pero sí la de su pareja. Julio moriría el 12 de feberero de  1984 a los 68 años en París. Aunque siempre se ha dicho que ambos padecían leucemia, últimas investigaciones afirman que podría haber sido un contagio de SIDA,enfermedad por entonces desconocida, al recibir Cortázar  una transfusión de sangre contaminada con dicho virus tras sufrir una hemorragia estomacal en 1981.  Los Autonautas de la Cosmopista sería, por tanto, su última obra.

Pero… ¿Qué fue de Fafner? Hasta el momento no he encontrado ninguna información sobre su destino final, si corrió el mismo triste desenlace de sus ilustres propietarios, o permanece arrinconada en algún oscuro rincón en espera de volver a rodar sobre la cosmopista…

 

 

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